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Toque de Mujer

El valor de la prudencia

Cuando se trata de buscar la felicidad en la vida, es necesario explotar todas las cualidades que uno posee, o bien, tener la disposición de descubrirlas y desarrollarlas para hacerse acreedor a todos los beneficios que pueda representar su puesta en práctica. Una de ellas es la prudencia, que consiste en decidir cuáles son las mejores opciones para uno mismo, cuando se trata de responder ante una acción, discusión o si hay que reaccionar frente a algo o alguien.

Con frecuencia se habla de que los jóvenes, en su mayoría carecen de prudencia, debido a que muchas cosas de las que hacen, parecen estar realizadas sin haber tomado el tiempo necesario para pensar en las posibles consecuencias de sus actos. Pero cabe aclarar que esta característica no es exclusiva de ellos, existen también muchos adultos que no la ponen en práctica y por lo mismo dejan de gozar de los bienes que representa.

Con claridad, nada se confunde

Una de las razones por la que la prudencia no goza de mucho prestigio, es el hecho de no saber a ciencia cierta en qué consiste. Por ejemplo cuando hay una diferencia de opiniones, no falta quien le pida a uno renunciar a sus razones y los principios que defiende, en atención a la prudencia.

Y es que a veces asumimos que equivale a ceder ante el otro, en el entendido de que lo que pensamos o creemos no es importante o que la otra persona lleva la razón en todo, nada más equivocado que esto. En realidad se traduce en una opción que es mejor para ambos, que no dejará ningún resentimiento ni dolor en ninguno de los dos, porque se considera lo que es justo.

Prudente en todo momento

No existe una situación exclusiva en la que se pueda poner en práctica la prudencia, de hecho todos los días brindan una oportunidad, como cuando hay que tomar una decisión y se espera que sea lo más acertada posible. ¿Qué es lo que hay que hacer? primero, hay que ver la situación actual, las acciones de las personas, los ambientes, y darnos cuenta de los posibles giros que darán las cosas. No sólo imaginar situaciones probables, sino también ver las que tienen menos posibilidad de ocurrir.

Cuando nos toca enfrentar una discusión, también hay que aprender a elegir el momento preciso para hacerlo, así como el tono en que se hará e incluso, el mensaje que habrá de transmitirse.

Se requiere de acercarse al otro sin prejuicios, pero no sin estrategia. Se puede pensar que la persona con la que se tiene una discusión quiere, simplemente, cosas a las que cree tener derecho. Si se centra la argumentación no en el derecho propio, sino en descubrir las diferencias entre ambas maneras de pensar, se estará en posibilidad de cambiar la forma de ver las cosas y aceptar la oportunidad que esto brinda de crecer, de adueñarse de la situación al conocerla mejor y desarrollar argumentos más profundos.

La prudencia, como toda virtud, sólo sirve cuando se hace uso de ella y se pone en práctica. Optar por ello es una decisión que brinda el beneficio de ser justo, así como de desarrollar la capacidad de análisis y sobre todo, de no hacer algo que más tarde haga sentirse avergonzado de la propia actuación.

“Construir un país a favor de la igualdad”.