Los dos trabajan ¿Cómo sobrevivir?

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Los horarios son el principal problema material, pero los egos son el problema más importante en lo emocional, que es lo que pesa más en una pareja.
En la logística general (el uso del baño, hacer la cama, levantar los trastes del desayuno, etc.) hay dos que tres maneras de salir adelante:

El baño. Tú te bañas por la noche y él por la mañana, por ejemplo. O ambos se bañan juntos (por la noche, esto puede ponerle sal y pimienta a tu vida de pareja).

Hacer la cama. Ahora venden unas sábanas-funda para edredones que evitan que te compliques al tender la cama. Metes el edredón en la sábana-funda y así te sirve de colcha al mismo tiempo; aventarlo sobre la cama lleva unos segundos. Además, mantiene limpio tu edredón por más tiempo.

Levantar los trastes. Y limpiar la cocina y todo eso… La primera y mejor solución es tener a una persona que vaya dos horas por la mañana (le pagas menos que 
si trabajara día completo) y haga todo. Pero si tu presupuesto no lo permite, hay dos opciones: 
a) Usar platos y vasos desechables.
b) Echar un volado a ver a quién le toca ese día.
No hagas comentarios, críticas u observaciones sarcásticas: mantén muy light la comunicación al respecto; y total, si no funciona, dos platos y dos tazas que lavar no valen la pena un disgusto.

La casa en general. Acuérdate que dice el refrán: “mejor la casa sucia y la mujer contenta”. No seas obsesiva del orden, suele venir acompañado de soledad y de amargura. Un poquito de desorden no ha matado a ninguna pareja: las exigencias y las reclamaciones, sí.

Guerra de egos
La parte ruda de trabajar ambos es el asunto de los egos. Hoy día, los trabajos exigen mucho de todos.
A las mujeres, por estar estrenando títulos, cargos y nombramientos, nos exigen más. Así que también estamos estrenando sentimientos: queremos que nos valoren no sólo por el aspecto, por la feminidad, por la eficiencia en las labores propias de nuestro sexo, sino por nuestro talento, capacidad y desempeño laboral. Y también estamos estrenando estrés laboral, que hasta hace relativamente poco era derecho exclusivo de los hombres sufrirlo.
Y cuando juntas el deseo de reconocimiento con el cansancio de la doble jornada (casa y chamba), más el estrés de los requerimientos de tu trabajo, la carga se vuelve un explosivo de alto poder cuando enfrentas todo esto a los deseos 
de reconocimiento y al estrés de él.

Por salud físicaPixland/ Pixland/Thinkstock
¿Dónde está la creatividad de manejarlo? Bueno, hablemos primero de tu salud física: además de unas multivitaminas que deben volverse parte de tu vida diaria (y que no te cuenten que las vitaminas engordan, ¡es un mito más!) para sobrellevar todo esto sin desquiciar tu metabolismo, requieres de mucho ejercicio. No te disculpes frente a ti misma diciendo que no tienes tiempo. Hoy ya no es un argumento válido: todos nos quejamos de la falta de tiempo, pero las horas siguen teniendo 60 minutos y los minutos 60 segundos, igual que hace 20 años 
o mil. Es cosa de administrarte mejor, nada más. Siempre hay actividades de las que se puede prescindir: prioriza y elige las que verdaderamente sean necesarias. Es mejor hacer 10 minutos diarios de ejercicio en una caminadora –y hasta en el tapete de tu cuarto– que proponerte ir a un gimnasio un día de éstos… que no va a llegar. Lo mejor siempre mata lo bueno.

La cuestión mental

Ahora, en cuanto a la salud emocional: tienes un montón de amigas, compañeros de trabajo, familiares y hasta direcciones en Internet donde ventilar tus quejas, llorar en un hombro y desmenuzar una por una tus amarguras. Los hombres no suelen ser un buen hombro sobre el cual llorar. Pueden prestarte el hombro alguna vez –pocas– pero si lo agarras de costumbre, te dan “el avión”: recuerda que tienen varios milenios de vivir convencidos de que sólo sus problemas son importantes. Su ego es más grande que el tuyo. Es triste, pero ésa es la realidad. Entonces, así como te haces un programa de ejercicio o de tareas domésticas, proponte espaciar tus quejas o hacer algo que puede ayudar a subir su ego: no lo manejes como queja, sino como consulta. En vez de decirle “Me hicieron esto o aquello” o “Me siento muy mal porque tú no reconoces mi desempeño laboral 
o mi aportación económica a la casa”, le dices: “Como tú eres equilibrado 
y tienes mucha más experiencia que yo en estas cosas, ¿dime qué crees que debo hacer en este caso..?” o “A una compañera que se siente mal porque su pareja no le reconoce equis o zeta, le quisiera decir cómo manejarlo. ¿Tú qué le dirías?”. Igual agarra la onda de que es tu caso y no el de tu amiga.

Espacios neutrales

Consejo matrimonial importante para esto de que los dos chambean, y para todo lo demás: nunca ventiles quejas o comentarios irónicos delante de terceros. No sólo no sirve, sino que se acumulan resentimientos muy evitables. Si vas a manejar conversaciones con amigos, siempre échale porras a él, 
di que te apoya siempre, que es un gran estímulo en tu vida laboral: igual esto le sirve para ponerse el saco y hacerlo en realidad. Si no le sirve, por lo menos no creas turbulencias que luego repercuten en otras áreas. Y busca siempre un área neutral: invítalo a comer o a cenar en un lugar simpático, así la confrontación no puede salirse de tono. Recuerda que ganar una batalla en mala onda puede significar perder la guerra. ¡La creatividad sirve hasta para pelear!

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