Violencia oculta en la pareja

Hemera/Thinkstock

André le dice a su novia: “No entiendo por qué te molestó que me etiquetaran en esas fotos en el Facebook. Estuviste ahí, conoces a mis amigas, no te oculto nada ni estoy haciendo algo malo”, responde medio desesperado. Después de dos horas de explicarle por teléfono, al fin logra colgar y continuar con su tarea. A los 20 minutos ella toca la puerta, con pizza, café y helado para “hacerle más leve el trabajo”. Entra hasta su cuarto y mientras él escribe en la computadora, ella mira por encima de su hombro. Después de unos minutos, con voz de niña pregunta: “¿Entonces vas a borrar a tus amigas del Face? Es que ya sabes que son horribles conmigo y te etiquetan para molestarme. ¡Ay, di que sí, por favor!”.

Mirna termina de arreglarse para la fiesta. Eligió vestirse de negro, porque Joel la convenció de que los colores hacen que otras personas la volteen a ver. “Qué guapa”, le dice, mientras mira fijamente el brillo que usa en los labios. “No me gusta que sepas a cereza”, comenta tiernamente después de darle un beso y de limpiar suavemente con los dedos cualquier rastro de su boca y la de ella.

Aunque no parezca, tanto Mirna como André tienen parejas violentas. Pero siempre pensamos que la violencia sólo se da si hay gritos, golpes, agresiones o faltas de respeto más graves.

“Una de las primeras señales de alarma para detectarla es que exista necesidad de dominar de alguna de las partes”, explica el doctor Óscar Galicia, académico de la Universidad Iberoamericana (UIA) y coordinador del Laboratorio de Neurociencias del Departamento de Psicología de esa casa de estudios.

Destaca que limitar las formas de expresión, gustos o actividades de otra persona es una manera de agredirla. Lo que empieza como una “petición”, puede ir en aumento hasta convertirse en un reclamo y después en una exigencia. “La violencia siempre escala. El abusador no buscará llegar a un acuerdo, sino que se haga lo que quiere. Tampoco se hará responsable de nada, esa responsabilidad la desplazará a otras personas y/o circunstancias”, indica.

Querer controlarte o aislarte de tu familia, amigos o compañeros es otra modalidad de violencia. El especialista explica que no se trata de recibir órdenes. “Te pueden sugerir o darte una opinión, hay que negociar, pero siempre con respeto”.

¿Es violencia?

Muchas veces no nos damos cuenta que nos encontramos en una relación violenta, en especial si no existen síntomas muy evidentes. “Una señal clara es el malestar. Si algo en tu noviazgo no te gusta, te da miedo, te provoca angustia o la sensación de que no está bien, hay que actuar”, recomienda el experto.

Algunas señales para saber si estás en una relación de este tipo:

  • Tu pareja te vigila todo el tiempo y quiere saber dónde estás, con quién, te llama constantemente y te “monitorea”.
  • Te revisa el celular, la cartera o la bolsa, tu diario o te pide que le des la contraseña de tu mail como “una prueba de confianza”.
  • Te presiona para hacer cosas que no quieres o te impone sus gustos e ideas.
  • Siente celos de tus amigos, familiares y compañeros, o te pide alejarte de quien no le cae bien.
  • Coquetea con otras personas delante de ti.
  • Te pone en ridículo delante de otros, se burla, te pone apodos o te evidencia.
  • Sientes miedo de sus reacciones.
  • Te chantajea y amenaza con hacerse daño o suicidarse cuando le dices que quieres terminar la relación.

También puedes hacer este test:
http://www.genero.ipn.mx:70/documentos/genero/cuest1.pdf

Si te encuentras en esa situación, las soluciones pueden ir desde poner límites hasta terminar la relación e incluso pedir ayuda a tu familia, amigos, a un profesional o a las autoridades pertinentes.

Quien te quiera no te maltratará ni te hará daño. Una relación de noviazgo no debe hacerte sufrir, por el contrario, es para disfrutarla, crecer y aprender.

Para leer
El libro de las emociones extremas.
Sociobiología del amor y la violencia. Varios autores. Editado por la Universidad Iberoamericana.

Para ver
Durmiendo con el enemigo.
Dirige Joseph Ruben. Estados Unidos, 1991.

«Construir un país a favor de la igualdad».

 

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